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Los seis cisnes – Hermanos Grimm Hallándose un rey de cacería en un gran bosque, salió en persecución de una pieza con tal ardor, que ninguno de sus acompañantes pudo seguirlo. Al anochecer detuvo su caballo y dirigiendo una mirada a su alrededor, se dio cuenta de que se había extraviado y, aunque trató de buscar una salida no logró encontrar ninguna. Vio entonces a una vieja, que se le acercaba cabeceando. Era una bruja. — Buena mujer —le dijo el Rey—, ¿no podrías indicarme un camino para salir del bosque?. — Oh, si, Señor rey —respondió la vieja—. Si puedo, pero con una condición. Si no la aceptáis, jamás saldréis de esta selva. Y moriréis de hambre. — ¿Y qué condición es ésa? —preguntó el Rey. — Tengo una hija —declaró la vieja—, hermosa como no encontraríais otra igual en el mundo entero, y muy digna de ser vuestra esposa. Si os comprometéis a hacerla Reina, os mostraré el camino para salir del bosque. El Rey, aunque angustiado en su corazón, aceptó el trato,...
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Rey Thrushbeard – Jacob y Wilhelm Grimm Un rey tenía una hija que tan bonita, más allá de toda medida, pero al mismo tiempo tan orgullosa y arrogante que ningún aspirante era lo bastante bueno para ella. Ella rechazó uno tras otro, ridiculizándolos también. Una vez el rey patrocinó una gran fiesta e invitó a los hombres que quieren casarse de reinos lejanos y cercanos. Todos fueron puestos en línea. Primero los reyes, entonces los grandes duques, los príncipes, los condes, los barones, y la aristocracia. Entonces la hija del rey pasó a través de la línea, pero ella objetó a cada uno. Uno era demasiado gordo —El barril de vino—, ella dijo. Otro era demasiado alto —Delgado y alto, no es bueno en absoluto.— El tercio era demasiado corto —Corto nunca es rápido—. El cuarto estaba demasiado pálido —tan pálido como la muerte—. El quinto demasiado rojo —parece corona de gallo—. El sexto no era lo bastante recta —parece madera verde secada detrás de la estufa—. Y así ella alguna obje...

Cuentos de losHermanos Grimm

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Las tres hilanderas – Hermanos Grimm Erase una niña muy holgazana que no quería hilar. Ya podía desgañitarse su madre, no había modo de obligarla. Hasta que la buena mujer perdió la paciencia de tal forma, que la emprendió a bofetadas, y la chica se puso a llorar a voz en grito. Acertaba a pasar en aquel momento la Reina, y, al oír los lamentos, hizo parar la carroza, entró en la casa y preguntó a la madre por qué pegaba a su hija de aquella manera, pues sus gritos se oían desde la calle. Avergonzada la mujer de tener que pregonar la holgazanería de su hija, respondió a la Reina: —No puedo sacarla de la rueca; todo el tiempo se estaría hilando; pero soy pobre y no puedo comprar tanto lino. Dijo entonces la Reina: —No hay nada que me guste tanto como oír hilar; me encanta el zumbar de los tornos. Dejad venir a vuestra hija a palacio conmigo. Tengo lino en abundancia y podrá hilar cuanto guste. La madre asintió a ello muy contenta, y la Reina se llevó a la muchacha...

La Leyenda de San Valentin

La historia del día de San Valentín comienza en el siglo tercero con un tirano emperador romano y un humilde mártir cristiano. El emperador era Claudio III. El cristiano era Valentino. Claudio había ordenado a todos los cristianos adorar a doce dioses, y había declarado que asociarse con cristianos era un crimen castigado con la pena de muerte. Valentino se había dedicado a los ideales de Cristo y ni siquiera las amenazas de muerte le detenían de practicar sus creencias. Valentino fue arrestado y enviado a prisión. Durante las últimas semanas de su vida, algo impresionante sucedió. El carcelero, habiendo visto que Valentino era un hombre de letras, pidió permiso para traer a su hija, Julia, a recibir lecciones de Valentino. Julia, quien había sido ciega desde su nacimiento, era una joven preciosa y de mente ágil. Valentino le leyó cuentos de la historia romana, le enseñó aritmética y le habló de Dios. Ella vió el mundo a través de los ojos de Valentino, confió en su sabiduría y encon...

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Morozko, el Rey del Frío – Alekandr Nikoalevich Afanasiev [Cuento folclórico ruso] Erase que se era un viejo que vivía con su mujer, también anciana, y con sus tres hijas, la mayor de las cuales era hijastra de aquélla. Como sucede casi siempre, la madrastra no dejaba nunca en paz a la pobre muchacha y la regañaba constantemente por cualquier pretexto. —¡Qué perezosa y sucia eres! ¿Dónde pusiste la escoba? ¿Qué has hecho de la badila? ¡Qué sucio está este suelo! Y, sin embargo, Marfutka podía servir muy bien de modelo, pues, además de linda, era muy trabajadora y modesta. Se levantaba al amanecer, iba en busca de leña y de agua, encendía la lumbre, barría, daba de comer al ganado y se esforzaba en agradar a su madrastra, soportando pacientemente cuantos reproches, siempre injustos, le hacía. Sólo cuando ya no podía más se sentaba en un rincón, donde se consolaba llorando. Sus hermanas, con el ejemplo que recibían de su madre, le dirigían frecuentes insultos y la mort...
La alforja encantada – Alekandr Nikoalevich Afanasiev [Cuento folclórico ruso] Había una vez un hombre casado con una mujer extraordinariamente pendenciera. El pobre hombre no tenía un momento de tranquilidad, pues por cualquier nadería lo abrumaba a denuestos su mujer, y si él se atrevía alguna vez a replicar, lo echaba a escobazos de la cocina. Al desgraciado no le quedaba otro consuelo que ir al campo a cazar conejos con lazo y pájaros con trampas que colgaba de los árboles, porque cuando llevaba buena caza, su mujer se calmaba y dejaba de atormentarlo durante uno o dos días y él gustaba unas horas de paz. Un día salió al campo, preparó sus armadijos cogió una grulla. —¡Qué suerte la mía! —pensó el buen hombre.­ Cuando vuelva a casa con esta grulla y mi mujer la mate y la ase, dejará de molestarme por algún tiempo. Pero la grulla adivinó su pensamiento y le dijo con voz humana: —No me lleves a tu casa ni me mates; déjame vivir en libertad, y serás para mí como un pa...