Entradas

Mostrando entradas de enero 30, 2013

La Leyenda de San Valentin

La historia del día de San Valentín comienza en el siglo tercero con un tirano emperador romano y un humilde mártir cristiano. El emperador era Claudio III. El cristiano era Valentino. Claudio había ordenado a todos los cristianos adorar a doce dioses, y había declarado que asociarse con cristianos era un crimen castigado con la pena de muerte. Valentino se había dedicado a los ideales de Cristo y ni siquiera las amenazas de muerte le detenían de practicar sus creencias. Valentino fue arrestado y enviado a prisión. Durante las últimas semanas de su vida, algo impresionante sucedió. El carcelero, habiendo visto que Valentino era un hombre de letras, pidió permiso para traer a su hija, Julia, a recibir lecciones de Valentino. Julia, quien había sido ciega desde su nacimiento, era una joven preciosa y de mente ágil. Valentino le leyó cuentos de la historia romana, le enseñó aritmética y le habló de Dios. Ella vió el mundo a través de los ojos de Valentino, confió en su sabiduría y encon...

Musica

Imagen
Musica
Imagen
Morozko, el Rey del Frío – Alekandr Nikoalevich Afanasiev [Cuento folclórico ruso] Erase que se era un viejo que vivía con su mujer, también anciana, y con sus tres hijas, la mayor de las cuales era hijastra de aquélla. Como sucede casi siempre, la madrastra no dejaba nunca en paz a la pobre muchacha y la regañaba constantemente por cualquier pretexto. —¡Qué perezosa y sucia eres! ¿Dónde pusiste la escoba? ¿Qué has hecho de la badila? ¡Qué sucio está este suelo! Y, sin embargo, Marfutka podía servir muy bien de modelo, pues, además de linda, era muy trabajadora y modesta. Se levantaba al amanecer, iba en busca de leña y de agua, encendía la lumbre, barría, daba de comer al ganado y se esforzaba en agradar a su madrastra, soportando pacientemente cuantos reproches, siempre injustos, le hacía. Sólo cuando ya no podía más se sentaba en un rincón, donde se consolaba llorando. Sus hermanas, con el ejemplo que recibían de su madre, le dirigían frecuentes insultos y la mort...
La alforja encantada – Alekandr Nikoalevich Afanasiev [Cuento folclórico ruso] Había una vez un hombre casado con una mujer extraordinariamente pendenciera. El pobre hombre no tenía un momento de tranquilidad, pues por cualquier nadería lo abrumaba a denuestos su mujer, y si él se atrevía alguna vez a replicar, lo echaba a escobazos de la cocina. Al desgraciado no le quedaba otro consuelo que ir al campo a cazar conejos con lazo y pájaros con trampas que colgaba de los árboles, porque cuando llevaba buena caza, su mujer se calmaba y dejaba de atormentarlo durante uno o dos días y él gustaba unas horas de paz. Un día salió al campo, preparó sus armadijos cogió una grulla. —¡Qué suerte la mía! —pensó el buen hombre.­ Cuando vuelva a casa con esta grulla y mi mujer la mate y la ase, dejará de molestarme por algún tiempo. Pero la grulla adivinó su pensamiento y le dijo con voz humana: —No me lleves a tu casa ni me mates; déjame vivir en libertad, y serás para mí como un pa...
Imagen
La bruja Baba Yaga y la huérfana – Alekandr Nikoalevich Afanasiev [Cuento folclórico ruso] Vivía en otros tiempos un comerciante con su mujer; un día ésta se murió, dejándole una hija. Al poco tiempo el viudo se casó con otra mujer, que, envidiosa de su hijastra, la maltrataba y buscaba el modo de librarse de ella. Aprovechando la ocasión de que el padre tuvo que hacer un viaje, la madrastra le dijo a la muchacha: —Ve a ver a mi hermana y pídele que te dé una aguja y un poco de hilo para que te cosa una camisa. La hermana de la madrastra era una bruja, y como la muchacha era lista, decidió ir primero a pedir consejo a otra tía suya, hermana de su padre. —Buenos días, tiíta. —Muy buenos, sobrina querida. ¿A qué vienes? —Mi madrastra me ha dicho que vaya a pedir a su hermana una aguja e hilo, para que me cosa una camisa. —Acuérdate bien —le dijo entonces la tía— de que un álamo blanco querrá arañarte la cara: tú átale las ramas con una cinta. Las puertas de ...
La zarevna Belleza Inextinguible – Alekandr Nikoalevich Afanasiev [Cuento folclórico ruso] Hace mucho tiempo, en cierto país de cierto Imperio, vivía el famoso Zar Afron Afronovich. Tenía tres hijos: el mayor era el Zarevitz Dimitri, el segundo, el Zarevitz Vasili, y el tercero, el Zarevitz Iván. Todos eran buenos mozos. El menor tenía diecisiete años cuando el Zar Afron frisaba en los sesenta. Y un día, mientras el Zar estaba reflexionando y contemplando a sus hijos, se le ensanchó el corazón y pensó: “Verdaderamente, la vida es deliciosa para estos jóvenes, que pueden disfrutar de este mundo de maravillas que Dios creó; pero yo resbalo por la pendiente de la vejez, empiezan a afligirme los achaques y poca alegría me ofrece ya este mundo. ¿Qué será de mí en adelante? ¿Cómo podría librarme de la senectud?” Y así pensando, se quedó dormido y tuvo un sueño. En una tierra desconocida, más allá del país Tres Veces Nueve, en el Imperio Tres Veces Diez, habitaba la Zarevna Belle...