Cuentos de Terror
28 de Diciembre Abrí los ojos. Todo a mi alrededor permanecía igual: La mesita de hierro, la silla de plástico de color marrón, un inodoro mugriento y visitado constantemente por las moscas y una pequeña ventana por donde se dejaban oír sonidos lejanos, inciertos... Todo igual. En cambio yo no estaba como siempre. Sabía que en breves minutos vendría el sacerdote para infundirme valor y esperanza: valor para aguantar con entereza lo que hacía meses estaba anunciado y esperanza... supongo que la esperanza debía guardármela como pasaporte, como tarjeta codificada con la que abrir la puerta del cielo. Valor y esperanza. Valor para andar en dirección a la muerte. Un paso detrás de otro, un metro más, un metro más... valor para mirar a los que me odian y valor para aguantar sus miradas, su desprecio, sus ganas de matarme con sus propias manos. Esperanza para que todo sea rápido, sin dolor. Para que esa descarga eléctrica salvaje y repentina no deje momentos de sufrimiento. Que to...