Antes de nada os diré que todos los trabajos que aquí se muestran estan realizados con imagenes, videos, etc. tomadas de la red, respetando siempre su autoria y copyright, si alguna persona considerá que en este blog se incumplen las normas, solo debe comunicarmerlo y estaré encantada de atenderle y solucionar el problema.

Espero disfruten de mi Blog y les guste tanto como a mi.

31 octubre 2011

LEYENDAS

LA VIRGEN SACRISTANA

En un antiguo y austero monasterio, encomendado a una orden de religiosas, habitaba una monja muy joven llamada Beatriz, de gran piedad en su vida religiosa y profundamente devota de Santa María, a la que consagraba la mitad de su vida; continuamente se la veía de rodillas ante el altar, en ferviente adoración, ofreciendo a su Divina Madre su espléndida juventud y la pureza de su alma angelical.
La Abadesa y todas las Hermanas del convento le profesaban gran cariño por su bondad y dulzura, y le encomendaron el cargo de sacristana de la iglesia, que desempeñaba con gran celo, adornando artísticamente los altares con abundantes cirios y las más variadas flores, arrancadas por sus bellas manos del frondoso jardín de aquella abadía, sin que nunca le faltara a la imagen de la gloriosa Virgen aquel homenaje del encendido amor de su sierva.
Pero siendo Beatriz muy niña y extraordinariamente bella, despertó la pasión de un clérigo que frecuentaba el monasterio: la asediaba éste con apasionado lenguaje, y trataba de convencerla de que huyera con él. Mas Beatriz, que al principio se resistía con entereza y rechazaba las amorosas proposiciones, sentía desfallecer sus fuerzas ante los embates de aquella fuerte tentación, que, apoderándose de todo su ser, llegó a adueñarse de ella.
Intentaba rezar, pero su devoción se había convertido en aridez de espíritu, y su imaginación volaba muy lejos, sintiendo hastío en la oración. Y en una ocasión en que la iglesia estaba desierta, el enamorado clérigo logró al fin que la monja accediese a huir con él.
Ella, antes de marchar, se postró de hinojos ante la Virgen, diciéndole: «Soberana Señora, yo que te serví honestamente toda mi vida, hasta hoy, que no puedo contener esta fuerza que me arrastra lejos de ti, te encomiendo las llaves de esta iglesia».
Y depositándolas sobre el altar, escapó del convento con el clérigo.
Transcurrió poco tiempo, y el clérigo, una vez que hubo satisfecho su pasión, abandonó a Beatriz, que quedó con el alma desgarrada y en gran confusión de espíritu. Sin atreverse a volver al convento, se hizo una mujer pública, llevando esta vida impía y vergonzosa durante quince años, torturada por los remordimientos de su conciencia, y conservando una vaga esperanza de perdón.
Pasaba un día por la puerta del monasterio, y sintió el deseo de llamar y preguntar por la hermana sacristana, y acercándose a la puerta, llamó con unos aldabonazos: salió a abrir la portera del convento, y la antigua monja le preguntó: «Dígame, hermana, ¿qué fue de Beatriz la sacristana?» A lo que respondió la portera: «Sigue muy bien, tan santa y devota como siempre, desempeñando a maravilla su oficio de sacristana. Todas las religiosas la quieren, como ya lleva en el convento veintiséis años, demostrando gran piedad».
Beatriz se marchó, pensando en las misteriosas palabras que acababa de oír, mas sin acertar a comprenderlas. Cuando se le apareció la gloriosa Virgen, diciéndole: «Beatriz, hija mía; durante quince años, en figura tuya, he desempeñado el oficio de sacristana. Vuelve al monasterio, y continúa sirviendo como si no te hubieras ido, porque nadie sabe tu pecado, pues creen que has continuado en tu puesto. Haz penitencia para alcanzar el perdón de tus muchos pecados».
Y al momento desapareció. Beatriz regresó al convento y, volviendo a tomar sus hábitos y las llaves, continuó el oficio de sacristana, sin que nadie llegara a darse cuenta de su vuelta. Únicamente el confesor a quien descubrió su vida y sus pecados era conocedor de aquel milagro, imponiéndole severas penitencias, que Beatriz cumplía con rigor, edificando a sus compañeras con el ejemplo de su virtud heroica y de su santa vida, llena de sacrificios, hasta expiar sus culpas.
Llegada su última hora, Beatriz llamó a toda la comunidad, que la rodeó en su lecho de muerte, y en alta voz confesó su pecado, descubriendo el prodigio obrado por la Virgen, que durante quince años desempeñó por ella el cargo de sacristana. Fue todo ello atestiguado por el confesor. Y murió santamente en aquel instante.
Todas las monjas quedaron admiradas de aquel portento y acudieron a dar gracias a su Madre celestial, que había obrado aquella merced con la religiosa, viviendo quince años en aquel monasterio.

LEYENDAS

EL REY WAMBA

Habiendo muerto el ilustre rey godo Recesvinto sin sucesión,
hacia el año 672 de nuestra era, quedaba vacante el trono de Castilla.
Numerosos eran los aspirantes al reino, aun a costa de perder su vida, como les había ocurrido a todos los reyes anteriores, que morian asesinados por su sucesor.
El Santo Padre que regía la Iglesia de Roma, para evitar que se repitieran estos vergonzosos hechos, rogó al Altísimo que le revelase su voluntad divina para la elección del rey de España.
Dios escuchó la oración del Pastor de la Iglesia, de extraordinaria santidad y humildad de vida, y le hizo saber que el rey de Castilla se llamaría Wamba y que lo encontrarían arando cerca de Andalucía; podrían conocerle porque su yunta estaba formada por un buey blanco y cereño y el otro prieto.
El Santo Padre comunicó a los godos la revelación de Dios, y ellos designaron a varios grupos de guerreros, que partieron en varias direcciones de España, recorriendo los campos en busca del futuro Rey, que habían de hallar arando.
Pasaban días y días y la mayoría de los encargados de buscarle se encontraban rendidos por la fatiga de atravesar a pie y sin camino grandes extensiones de tierras de labor, preguntando siempre por aquel labrador, de nombre Wamba, que había de regir los destinos de España.
Uno de los grupos, después de recorrer todo el término de una villa, se volvía desalentado y triste de sus inútiles andanzas, con las que sólo habían lograda fatigarse. Vieron venir por el alto de una cañada a una hermosa dueña con un canasto al hombro; acortaron el paso para esperarla, diciendo: «Preguntemos a esta aldeana, que tal vez ella pueda orientarnos en nuestra busca».
Y cuando ya estaba cerca de ellos, vieron que se subía a una pequeña loma y desde allí gritaba. «Wamba, desuncid ya, y venid a comer, que ya es mediodía».
Los soldados godos, al oírlo, corrieron a su encuentro y de rodillas ante el labrador, decían: «Permitidnos, rey Wamba, que os besemos las manos con amor y cortesía». Comprobaron luego que el color de la yunta también coincidía con la revelación. Wamba, alarmado, creyendo que iban a prenderle y que se mofaban de él, les preguntaba la causa de su actitud, pidiendo que se la aclarasen.
Los godos le tranquilizaron: «No os alarméis, Majestad; venimos a anunciaros que habéis de ser Rey de Castilla, pues el Santo Padre de Roma ha tenido una revelación divina de que el nuevo Rey será Wamba.»
Luego, Wamba, que era poco ambicioso, quedó desconcertado y dudoso, sin grandes deseos de empuñar el cetro, sintiendo dejar aquella vida, para él adorable, de paz y bienestar, y clavando su vara en tierra dijo, con firmeza: «Cuando esta vara florezca, yo seré rey de España».
No había terminado de decirlo, cuando su vara se cubrió milagrosamente de bellas flores, y él, que era profundamente religioso, conociendo en ello los designios de Dios omnipotente, se dejó conducir, junto con su esposa, ante la presencia del Consejo del Reino, dispuesto a sacrificarse por el bien de su patria y encargarse de los asuntos del Estado, renunciando a su vida de tranquilidad y sosiego. Allí fue coronado rey de Castilla, y su esposa reina consorte. Y con gran acierto supo regir los destinos de España, demostrando entereza y audacia. Acometió grandes empresas, sometió a los vascones y llenó de gloria los días de su reinado. 

IMAGENES CREADAS POR MI

MIS IMAGENES